El espectáculo de los rehenes

Por: Luciano Pascoe Rippey | Opinión
   
Domingo 13 de Enero de 2008 | Hora de publicación: 00:57
     
     
Cuando Hugo Chávez se inmiscuyó en el proceso de negociación entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para liberar rehenes a cambio de prisioneros de guerra, se confirmó que el proceso tendría una nueva serie de objetivos políticos, la mayoría de ellos tienen tintes de intervención en los asuntos de su país vecino.
Fiel a su estilo, el presidente venezolano empezó a construir un escenario de involucramiento internacional para consolidar un intercambio que, en su diseño mediático y político, dieran la posibilidad de conseguir reconocimiento diplomático internacional a las FARC como fuerza beligerante. Ayer mismo, durante su informe de gobierno, solicitó que sean reconocidas como fuerzas legítimas junto con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Las gestiones fueron cada vez más a contra corriente de las estrategias colombianas y, sin duda, los excesos de Chávez hicieron corto circuito con Álvaro Uribe. Cuando Colombia percibió su arrinconamiento en el proceso de negociación por parte de Chávez, y detectando con nitidez que enfrentaban una evidente derrota política e internacional, desacreditaron al venezolano de inmediato. La reacción chavista fue de insulto y agresión a Uribe por —según Chávez— haber antepuesto temas políticos a los humanitarios.
Hacia diciembre ambos gobiernos aceptaron un nuevo escenario de entrega de rehenes por parte de la guerrilla y se construyeron condiciones para la liberación. La idea era que se liberaría a dos mujeres y un niño, una de ellas, Clara Rojas, compañera de fórmula de la ex candidata presidencial, Ingrid Betancourt. Pero nuevamente la política se inmiscuyó y las FARC retrasaron la entrega alegando riesgo por acciones militares del gobierno colombiano.
Uribe reaccionó de inmediato rechazando las acusaciones y asegurando que el problema de fondo era que la guerrilla no tenía a los tres rehenes que decía tener. En efecto, faltaba Emmanuel, hijo de Clara Rojas, nacido en cautiverio y que habría sido enviado hace algún tiempo por la guerrilla a un orfanato en Bogotá. Esto terminó con la posibilidad de una entrega en el 2007 y a inicios del año, y con pruebas de ADN al infante, las FARC reconocieron que ése era Emmanuel y que no lo tenían.
Empezaba a configurarse una derrota para las FARC y Chávez, y su primer costo era la liberación de estas dos mujeres, a lo que se sumaba la historia poco humana de Emmanuel , quien como un niño fue simplemente arrojado a un hospicio en lamentable estado físico y en virtual orfandad. Así de humana y sensible es la guerrilla socialista.
Con un escenario de descrédito en ciernes, las FARC decidieron seguir su estrategia como si nada hubiese pasado: liberaron a las dos mujeres, buscando encumbrar a Hugo Chávez como el salvador, y al mismo tiempo, consolidarlo como el mediador exitoso que da esperanza a los cientos de rehenes que aún mantienen las fuerzas guerrilleras.
Chávez, el “humanitario”, habló con las liberadas antes de que subieran al helicóptero en la selva, las recibió en su casa presidencial antes de que desempacaran y se ducharan. Las imágenes son exclusivas de su empresa televisiva Telesur y son de agradecimiento y reverencia a Chávez, no de reflexión sobre los eventos vividos. Toda una campaña mediática, todo un culto al liberador, no a las liberadas. Antes que nada, la foto.
Así, Chávez festejó sin pudor su mediación. Pareciera que la derrota política es de todas las partes: de las FARC, de Chávez y de Uribe. Las FARC no son —aún— reconocidas como fuerza beligerante, su imagen ante el mundo recibió un golpe y no canjearon a sus rehenes por prisioneros. El mandatario venezolano quedó como un “showman”, en lugar de ser mediador desinteresado, pensando en promover su imagen por encima de la gente, desacreditado por su vecino inmediato. Uribe queda como el presidente que no logra construir negociaciones de liberación.
Pero los grandes perdedores son los 750 que se quedaron en la selva. Presos de una guerra agotada, rebasada, hasta incomprensible a veces.
Esperemos que pronto todas esas mujeres y hombres —algunos llevan más de 10 años en cautiverio— estén libres. Esperemos que los civiles dejen de ser quienes pagan más caro los conflictos bélicos, que las ideologías dejen de ser excusa para la violencia y la privación de la libertad. Esperemos que los políticos dejen de ver su rédito en estos dramáticos momentos de la vida de la gente.
Para los otros 750 rehenes: Libertad.

http:lucianopascoe.blogspot.com

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